Tumbas

La mayoría de las tumbas en el Panteón de los Chinos consisten de montones de piedras, algunas con una cruz de metal.

Cerca de la frontera entre Estados Unidos y México, a unas pocas millas al este de Ambos Nogales, un grupo de cruces y tumbas destacan del desierto de Sonora. Hay algunas tumbas de concreto y algunas cruces de metal desgastadas que marcan los enterramientos, pero la mayoría de las aproximadamente 70 tumbas no son más que un montón de rocas, con cualquier señal de identificación borrosa desde hace mucho tiempo.

A poca distancia al sur del cementerio se encuentran las ruinas de un par de edificios de adobe.

El desierto es tranquilo, excepto por el gruñido ocasional de los camiones de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos (Border Patrol) que pasan por el lado norte de la frontera. Algunos huesos de vaca desgastados por el sol se hornean en el calor del desierto. Los únicos otros rastros del desarrollo humano son los picos de color rojo anaranjado de la valla fronteriza.

El cementerio se encuentra a las afueras del terreno inundable del Río Santa Cruz, donde hay un lecho arenoso y una densa población de álamos que se convierten en mezquites. La comunidad rural de Mascareñas, a más de dos millas de distancia, es el asentamiento moderno más cercano.

A veces llamado Panteón de los Chinos o el Cementerio de los Chinos, el cementerio apunta a una parte poco conocida de la historia local: la primera ola de migración china al norte de Sonora, que comenzó a principios del siglo XX.

“Es un panteón casi olvidado”, dijo Julio Cesar Sarmiento, un periodista y escritor de Nogales, Sonora. “Es muy poca la gente que lo conoce. Demasiada poca”.

Si bien no se sabe mucho sobre el sitio casi abandonado en un tramo amplio de arena y matorrales, el cementerio todavía sirve como un recordatorio de las contribuciones hechas y las dificultades que han enfrentado los inmigrantes chinos en el área, así como la fortaleza de algunos miembros de la comunidad quienes lograron sobrevivir a la xenofobia y violencia que se les dirigió en las primeras décadas del siglo XX.

En un video de 2016 para el Canal 7 de Nogales, el historiador local y locutor de radio, Pablo Lechuga, dijo que el antiguo cementerio y los muros de adobe derrumbados aproximadamente a media milla al sur probablemente reflejan una comunidad de migrantes chinos que construyeron ferrocarriles en el área. Dijo que las tumbas más antiguas probablemente datan de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, alrededor de la época de la primera ola de migración china al área.

“Esos montículos de piedra nos señalan… entierros que datan de más de 100 años”, Sarmiento le dijo al NI. Cualquier marcación, agregó, probablemente fue hecha de madera y se pudrió con el tiempo.

Trabajo duro y persecución

La construcción de ferrocarriles era un trabajo duro y peligroso, y los trabajadores chinos eran contratados principalmente porque los empleadores les pagaban salarios más bajos que los mexicanos. Otros trabajaron en lavado de ropa y agricultura y, después de ahorrar dinero, algunas familias chinas pudieron abrir tiendas.

Los ferrocarriles ayudaron a transformar el norte de México a principios del siglo XX, haciendo que los viajes de pasajeros fueran más rápidos y facilitaran el transporte de materiales. “Se puede ver específicamente que áreas muy aisladas como Sonora y Chihuahua comenzaron a estar muy bien conectadas y se volvieron realmente importantes para la economía del país”, dijo Luis Coronado Guel, profesor de historia mexicana en la Universidad de Arizona.

La ubicación del cementerio podría tener que ver con la proximidad a una vía de ferrocarril cercana. La línea del ferrocarril Nogales-Cananea, cual fue construida alrededor de 1907 para dar servicio a lo que se convertiría en una de las minas de cobre más importantes de la región, atraviesa el desierto a una milla al suroeste del cementerio. La distancia del cementerio al centro urbano de Nogales también podría ser resultado de discriminación.

En la década de 1920, los inmigrantes chinos en Sonora se enfrentaron a campañas racistas que los presentaban como vectores de enfermedades y afirmaban que los chinos robaban puestos de trabajo a los trabajadores mexicanos. Las leyes prohibían los matrimonios mixtos entre mujeres mexicanas y hombres chinos y obstaculizaban la capacidad de trabajo de los migrantes.

Para 1931, el gobierno de Sonora buscó abiertamente expulsar a los inmigrantes chinos del estado, expulsándolos de sus tierras. Muchos inmigrantes murieron durante las campañas anti-chinas.

Las actitudes xenófobas de la época significaban que los cementerios existentes podrían haber rechazado a las familias chinas. “Es muy probable que los chinos necesitaran construir su propio cementerio para ser enterrados y no estar en los cementerios católicos o protestantes, o incluso en cementerios civiles”, dijo Coronado Guel.

Además de pilas de rocas que constituyen la mayoría de los entierros en el cementerio, también hay más de una docena de sitios más nuevos, con tumbas de concreto vertidos e inscripciones que aún se pueden leer a pesar de años de corrosión. Enumeran muertes en las décadas de 1930 y 1940, así como apellidos como López y Granillos.

Esas podrían ser las tumbas de agricultores mexicanos a quienes se les otorgaron parcelas en el área a través de un programa de reforma agraria después de que los trabajadores chinos fueran obligados a irse de la tierra. O bien, las tumbas más recientes podrían ser una evidencia de una comunidad de residentes chinos que logró sobrevivir a las campañas de expulsión, viviendo en relativo aislamiento y adoptando nombres mexicanos como forma de protección.

En estos días, un pequeño número de sonorenses todavía buscan el origen de su herencia a los primeros inmigrantes chinos.

Uno de ellos es Rubén Munguía Chon, un obrero de construcción de Hermosillo de 48 años cuyo abuelo llegó a México en un bote desde China en 1897. Su abuelo se cambió el nombre a José Domingo Chon Bing luego de llegar a Guaymas, Sonora, trabajó en una fábrica de sombreros y finalmente se casó con una mujer mexicana. Al crecer, Munguía Chon escuchó historias sobre la historia de la familia de su madre, y también aprendió sobre la violencia que enfrentaban los chino-mexicanos.

Munguía Chon no ha visitado el Panteón de los Chinos en Nogales, pero dijo que las pocas tumbas que sobreviven ahí también son un recordatorio de los muchos inmigrantes a quienes no se les permitió tal entierro: “Personas que no tienen tumbas como el cementerio de chinos de Nogales. Debe haber muchos también, que sus restos solamente son parte de la tierra y no hay tumbas, no hay nada que los recuerde”.

(Traducción por Celina Cienfuegos).

Load comments