Arturo Valenzuela (spanish)

Arturo Valenzuela le lleva una carreta llena de comida a un cliente afuera del Community Food Bank en Nogales.

A medida que los efectos dominó del COVID-19 y una amenazante recesión económica comienzan a afectar a las familias trabajadoras, los bancos locales de alimentos se están adaptando a la nueva demanda de sus servicios, así como a las nuevas políticas de salud y seguridad necesarias para la pandemia.

Mónica González, coordinadora del Community Food Bank en Nogales, dijo que el banco de alimentos había inscrito a 37 nuevas familias la semana pasada. Eso es más de 16 la semana anterior, cual dijo que estaba más cerca de una típica semana.

González dijo que muchos de los nuevos clientes son empleados locales que han visto reducir sus horas o perder sus empleos, incluso en la industria hotelera y en Tubac Golf Resort.

“Una señora hoy, que fue despedida, dijo: ‘Esto va a ayudar porque me ayudará a tener un poco más de dinero para pagar la renta’”, dijo González el viernes pasado.

“Así que definitivamente significa más ahora que estamos viendo todo esto con los despidos”.

En todo el estado, casi 30,000 personas solicitaron beneficios de desempleo en la semana que terminó el 20 de marzo.

Pero las preocupaciones sobre la propagación del virus significan que, a pesar de la demanda de los residentes locales recientemente desempleados, los proveedores de alimentos no han visto una clara tendencia al ascenso en los alimentos servidos.

La semana pasada, Community Food Bank sirvió a 433 familias, en comparación con 669 la semana anterior. González dijo que eso se debe en parte a que el banco de alimentos redujo sus horas y en parte a que las familias prefieren quedarse en casa.

En Borderlands Produce Rescue en Nogales, Yolanda Soto dijo que hubo una disminución en las últimas semanas.

En parte, dijo, eso se debe a que algunos de los clientes de Borderlands viven en Nogales, Sonora, y ahora tienen prohibido cruzar la frontera. Y, agregó Soto en un correo electrónico, “creo que la gente tiene miedo de salir e ir por su producto”.

Medidas protectoras

Para el Community Food Bank, las horas reducidas son parte de un plan más amplio para proteger a los empleados y clientes de transmitir COVID-19 en el sitio del banco de alimentos en Donna Avenue.

El viernes pasado, el empleado José Origel les proporcionaba un boleto numerado a los clientes que llegaban conduciendo, luego esperaron en sus autos hasta que Origel llamó a su número para caminar hasta el almacén. Ahí, los miembros del personal empujaron un carrito de supermercado precargado por la puerta para que los clientes nunca pusieran un pie dentro del almacén de alimentos.

En el área de recolección, un letrero en inglés y en español advierte a los clientes que respeten las pautas de distanciamiento social, tomando una distancia de seis pies entre ellos y de los demás.

“Se vuelve un poco estresante a veces cuando hay mucha gente”, dijo González. “Y algunas personas no quieren respetar el distanciamiento social, o tal vez no lo entienden, así que tenemos que explicarles que es por nuestra seguridad y la de ellos también”.

(Traducción por Celina Cienfuegos.)

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