Street vendor

Cristina Torres organiza una variedad de pulseras en su mesa, parada a la entrada del Pasaje Morelos en Nogales, Sonora.

Con el uniforme puesto de una tienda de conveniencia y con su hija caminando a su lado, Zuleyka Méndez, residente de Nogales, Sonora, caminó por el Pasaje Morelos el jueves, 6 de agosto.

El callejón, ubicado a poca distancia del puerto de entrada DeConcini, está lleno de tiendas y puestos para turistas. Pero en este día, solo unos pocos se encontraban abiertos a media tarde.

Varios metros más adelante, en la entrada norte del callejón, la vendedora ambulante Cristina Torres intentó llamar la atención de los únicos tres turistas de la zona. Señaló la amplia variedad de coloridas pulseras, carteras y bolsas hechas a mano que cubrían su mesa y colgaban de estantes apoyados contra el costado de un edificio.

Con la pandemia de COVID-19 aún en pleno efecto, Méndez y Torres usaron máscaras faciales e hicieron todo lo posible por mantener su distancia social con los demás, incluso cuando algunos de los turistas colgaban sus propias máscaras en una oreja o debajo de la barbilla mientras hacían sus consideraciones sobre la compra de artesanías mexicanas.

“Ahorita porque no nos ha pegado o no le ha llegado a alguien cerca, por eso yo sigo tranquila”, dijo Méndez. “A mí no me ha afectado ni en lo económico, ni en la salud, en nada, gracias a Dios”.

Sin embargo, frente a una realidad diferente, que incluye a un esposo que se enfermó repentinamente y un fuerte golpe a sus finanzas, Torres dijo: “Yo la verdad no creía nada de esto, pensaba que la gente se lo metía en la cabeza. Pero no, esto es algo muy espantoso”.

Mientras que las redes de seguridad como los beneficios ampliados de desempleo, un cheque de estímulo, préstamos para pequeñas empresas, préstamos de computadoras y dispositivos de wifi gratuitos para estudiantes han ayudado a algunos residentes del Condado Santa Cruz durante la pandemia, las personas en Nogales, Sonora han tenido que enfrentar la crisis con menos asistencia pública.

Eso puede generar estrés adicional en la gente de clase trabajadora, especialmente en aquellos que trabajan en la amplia economía informal de México.

Los casos de Méndez y Torres, las dos mujeres cuyos caminos se cruzaron brevemente en el Pasaje Morelos, ilustran esa realidad, con Méndez disfrutando de los pequeños beneficios de trabajar para una corporación nacional y Torres luchando por mantener su negocio informal.

Virus en casa

Torres dijo que su esposo dio positivo por coronavirus hace varias semanas, lo que la obligó a dejar de trabajar y quedarse en casa para cuidar de él, mientras que sus cuatro hijas vivían en otro lugar para evitar contraer el virus.

Afortunadamente, dijo, su esposo pudo superar los días malos y derrotar al virus sin infectar a ningún otro miembro de la familia. Pero después de aprovechar sus pequeños ahorros durante su enfermedad y ahora enfrentarse a una economía débil, Torres dijo que sigue siendo muy difícil salir adelante y cubrir sus gastos diarios.

“A veces vendemos, aunque nomas alcance para los mandados de la casa”, dijo, agregando que últimamente solo ha estado ganando un tercio de lo que usualmente ganaba antes de la pandemia, y la cual ya era una mínima cantidad.

“Pero a veces no alcanza porque la luz llega muy cara, el agua, el internet para que los niños puedan hacer su tarea... se nos dificulta mucho”.

Para Méndez, en su tercer año de trabajo para la cadena nacional de tiendas de conveniencia OXXO, dijo que su empleador comenzó a darles a los empleados un salario de bonificación mensual de 500 pesos por continuar trabajando durante la pandemia.

En cuanto a su hija, quien se está preparando para comenzar el tercer grado este otoño, Méndez dijo que los funcionarios de la escuela habían informado a los padres que las clases comenzarían en línea el 24 de agosto. A partir de la tarde del 6 de agosto, dijo, no había palabra si las clases se reanudarían en persona.

Aun así, Méndez no estaba preocupada por ningún obstáculo para que su hija continuara su educación, ya que cuenta con una computadora, Internet y los medios necesarios para ayudarla a continuar sus estudios.

“Yo sí tengo la manera, pero pues hay personas que no, que no la tienen. Me imagino que para los que no tienen, pues va a ser difícil”, dijo Méndez sobre el nuevo modelo para el año escolar. “Lo que a mí se me complicaría son los horarios de trabajo… pero tengo la facilidad de cambiar de horario”.

Asistencia limitada

Torres dijo que la escuela de su hija también seguiría un plan de estudios en línea.

Pero su hija, quien comenzará su primer año en el Instituto Tecnológico de Nogales, no tiene su propio dispositivo ni conexión. Tendrá que pagar para usar una computadora con Internet por hora en un cibercafé.

Torres agregó que su familia no tenía conocimiento sobre ninguna ayuda que la universidad ofreciera a los estudiantes sin los medios para continuar el año escolar.

“Ella tiene que pagarlo todo y si no pagas, pues, no puedes seguir estudiando”, dijo Torres.

Aunque la escuela no ha ofrecido ninguna ayuda, señaló que los funcionarios de la ciudad habían ofrecido asistencia. Aun así, fue limitado.

En mayo, el gobierno municipal de Nogales, Sonora lanzó un programa de despensas en el que entregaron bolsas de comida a familias de bajos ingresos dentro de los límites de la ciudad que solicitaron la ayuda. Un comunicado de prensa oficial emitido a fines de julio declaró que la ciudad había concluido su esfuerzo después de ayudar a alimentar a un total de 12,541 familias.

Torres dijo que su familia se había beneficiado del programa, aunque todavía no era suficiente para alimentar completamente a la familia de seis.

Agregó que el gobierno local también había ofrecido salarios mensuales para familias necesitadas, pero ella no era elegible para la asistencia porque no tiene una cuenta bancaria.

“Tenemos la esperanza de que encuentren las medicinas o las vacunas para esta enfermedad. Es lo que estamos esperando, que regrese todo a la normalidad”, dijo Torres. “Por ahora tengo que seguir siendo muy fuerte. Si no me hago la fuerte, ¿quién va a ver por nosotros?”.

(Traducción parcial por Celina Cienfuegos.)

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