Luz and Margarita

Luz Gaxiola, a la izquierda, y Margarita Monarque disfrutan el patio de la planta baja de Bowman Senior Residences.

Una tarde reciente, mientras caía la noche y la temperatura descendía a los 70 grados, un grupo de nogalenses mayores se acomodaron en sillas de metal en el patio de la planta baja de Bowman Senior Residences.

Conversaron acerca de las actividades diarias, como las comidas que habían comido recientemente. A veces se sentaban en silencio o torcían sus ojos mientras los automóviles aceleraban ruidosamente en Grand Avenue y Arroyo Boulevard, las calles norte-sur en ambos lados del edificio de apartamentos de 48 unidades para personas mayores de 62 años.

Las reuniones nocturnas informales se han convertido en un elemento básico de la vida en Bowman. El patio es un lugar más seguro para reunirse durante la pandemia (los expertos dicen que la transmisión de COVID-19 es menos probable en entornos al aire libre) y las reuniones les dan la oportunidad a los residentes de que puedan recuperar parte de la interacción social que se ha cortado en gran medida desde que el brote de coronavirus llegó a Arizona a principios de este año.

“Se tiene que adaptar uno”, dijo Luz Gaxiola, de 71 años, quien estaba sentada afuera con Martha Hernández, de 75, María Saldívar, de 73 y Margarita Monarque, de 70. “Aquí nomás nos podemos reunir”.

La vida social en Bowman es normalmente alegre. Los residentes se reunían en las áreas comunes del primer piso del edificio para sentarse y charlar.

“Los domingos veíamos una película… hacíamos fiestecitas de vez en cuando ahí en el comedor”, dijo Hernández.

“Era cumpleaños de una, todas nos reuníamos allá en el salón. Y ahora es cumpleaños de una y no se puede más que juntar cuatro, cinco personas en un departamento. Entonces, esa convivencia nos hace falta”, dijo Concepción Arce.

Todo eso cambió a principios de este año, cuando la pandemia de COVID-19 afectó a Arizona y un par de residentes de Bowman, incluyendo a Arce, fueron víctimas de la enfermedad (ambos se recuperaron, dijo Arce). Se desalentaron las reuniones y los muebles fueron retirados de las áreas comunes para dejar claro el mensaje.

‘Nos sentíamos muy encerrados’

A fines de la primavera, enfrentados a las continuas restricciones de sus actividades, los residentes comenzaron a trasladar sus actividades de socialización al patio al aire libre en la planta baja del edificio.

“La convivencia es muy importante”, dijo Angelita Valdez, una residente de Bowman que estaba charlando con su compañero residente Joel Bojórquez y Alberto Rojas, un cuidador de Bojórquez, en una noche de martes reciente.

Al comienzo de la pandemia, dijo Valdez, su hija la llevó a su casa para pasar un par de meses. Después de su regreso, descubrió que la mayoría de las actividades sociales habituales en las residencias para personas mayores no se estaban llevando a cabo.

“Nos sentíamos muy encerrados, y sin tener con quien platicar, estar solos es muy pesado”, ella dijo.

Las reuniones nocturnas en el patio están lejos de ser un reemplazo perfecto para las interacciones diarias que los residentes de Bowman han perdido desde el comienzo de la pandemia. Pero son un comienzo y son una opción relativamente segura para las personas mayores, quienes enfrentan un mayor riesgo por el virus.

Hernández dijo que todavía se aventura a caminar por las calles alrededor de la residencia, pero en estos días, ella está alerta cuando sale.

“Sí sale uno”, dijo. “Pero no con tanta confianza”.

(Traducción por Celina Cienfuegos.)

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