Virginia Bristol Judith Carrillo

Virginia Bristol, a la izquierda, y Judith Carrillo disfrutan una comida en el restaurante Rancho Grande el 19 de agosto.

Como casi todos los negocios locales, Chuyito’s, el restaurante ubicado en Mariposa Road que sirve hot dogs sonorenses y platillos mexicanos tradicionales, fue afectado por la pandemia de COVID-19.

Las ventas cayeron alrededor del 70 por ciento en abril, dijo el propietario Jesús Ochoa. Redujo el personal de diez a cinco empleados y comenzó a cerrar antes del horario normal, a las 7 p.m. en lugar de las 10 p.m.

“A veces hasta más temprano, porque no había gente” entrando al restaurante, dijo.

Chuyito’s no pagó alquiler durante dos meses. Pero afortunadamente, dijo Ochoa, el propietario del local le permitió pagar esos costos durante el resto del año.

Ahora, las ventas todavía no se acercan a los niveles previos a la pandemia, alrededor del 50 por ciento de lo normal. Y, aproximadamente la mitad de esos clientes están pidiendo comida para llevar, cuando el servicio de comida para llevar solía representar solo alrededor del 20 por ciento de todos los pedidos.

Pero el restaurante está volviendo a generar lo suficiente para cubrir el alquiler y las facturas, y el futuro parece un poco más prometedor.

“Me siento más tranquilo ya, no me siento con tanta presión”, dijo Ochoa el 18 de agosto.

Mientras los restaurantes aún no están fuera de peligro, algunos propietarios y gerentes suspiran de alivio en estos días, ya que los clientes han regresado lentamente para cenar y los nuevos casos de COVID-19 han disminuido en el condado de Santa Cruz.

Jorge León, gerente del restaurante Ragazzi en Mariposa Road, dijo que todavía es un momento difícil, con una caída de las ventas de alrededor del 40 por ciento en comparación con la misma época del año pasado. Pero, agregó, se siente “un poquito mejor” ahora que el restaurante ha sobrevivido después de unos meses rigurosos.

“El éxito de un restaurante, para mí, es la constancia”, dijo León.

Ventas más constantes

El Gobernador Doug Ducey detuvo el servicio de mesa el 19 de marzo, y los restaurantes tuvieron que someterse a la comida para llevar y entregas a domicilio hasta que el gobernador permitió que el servicio de mesa con capacidad limitada regresara a partir del 11 de mayo. Pero no mucho después de eso, el Condado Santa Cruz se convirtió en un foco de infecciones por COVID-19, lo que ahuyentó a muchos residentes de los comedores de los restaurantes.

En Rancho Grande en la plaza de Food City, la gerente, Karla Galindo, dijo que el restaurante reabrió para el servicio de mesa a finales de mayo, pero la mayoría de los pedidos seguían siendo para llevar y las ventas eran inconstantes.

“Teníamos un día realmente bueno, y luego tres días realmente malos”, dijo.

Pero ahora, las cosas podrían estar mejorando para los restaurantes que lograron capear el temporal.

“La gente todavía está asustada, porque hay pandemia”, dijo León, el gerente de Ragazzi, que reabrió sus puertas el mes pasado. “Pero estamos tratando de abrir porque la gente también está enfadada de estar en la casa”.

Y las ventas han comenzado a parecer más consistentes en Rancho Grande, con un servicio de mesa que representa alrededor del 50 por ciento de todos los pedidos de las últimas dos semanas.

“En este momento, se ha mantenido prácticamente igual todos los días”, dijo Galindo.

Pero, agregó: “No estoy diciendo, ‘Oh, sí, está bien otra vez’, porque no sabemos cuánto tiempo va a durar”.

(Traducción por Celina Cienfuegos.)

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