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Sarah Bibbey, izquierda, y Patty Glogowski repasan el abecedario en inglés con los niños migrantes en el Hogar de Esperanza y Paz (HEPAC) en Nogales, Sonora.

Tres mujeres que cargaban bolsas llenas de útiles escolares subieron un largo tramo de escaleras hasta un refugio para migrantes en una colina en Nogales, Sonora.

Cuando llegaron a lo más alto, un grupo de niños de países como Honduras y Guatemala, aproximadamente de 3 a 10 años de edad, les dio la bienvenida a las mujeres en la entrada del refugio con abrazos a la altura de las rodillas y grandes sonrisas en sus rostros.

Ahí, dentro de uno de los pequeños edificios de bloques de cemento en el refugio La Roca, que se usa como comedor y, más recientemente, como el dormitorio de hombres, las mujeres comenzaron el primer ejercicio en la clase semanal de inglés para niños el pasado jueves por la mañana, 18 de julio.

“Hola, mi nombre es Patty. ¿Cuál es tu nombre?” Patty Glogowski, jubilada de Tubac, les preguntó a los niños en inglés mientras escribía sus nombres en etiquetas de color blanco y azul. Al recibir sus etiquetas, los siete niños repitieron después de ella.

Glogowski y las otras dos mujeres, Maggie Parker y Sarah Bibbey, son parte de un grupo más grande de voluntarios de Tubac, Green Valley y Patagonia que han estado visitando refugios para migrantes en Nogales, Sonora una vez a la semana durante los últimos dos meses para enseñar clases de inglés a los niños. Sus alumnos forman parte de la ola de familias de Centroamérica, Sudamérica, el sur de México y de otros lugares que comenzaron a llegar a la ciudad fronteriza el año pasado con la esperanza de solicitar asilo en Estados Unidos.

“Nos dimos cuenta de que los solicitantes de asilo político tardaban hasta tres meses en ingresar a Estados Unidos y sentíamos que era necesario que los niños, y también los adultos, recibieran algún tipo de educación”, dijo Francisco “Panchito” Olachea, un paramédico con sede en Nogales, Sonora, que realizó la idea con Voices From the Border, una organización sin fines de lucro con sede en Patagonia.

Olachea proporciona el transporte para los voluntarios a los albergues para migrantes Hogar de Esperanza y Paz (HEPAC) y La Roca cada semana para las clases. También aprovecha los viajes para hacer recorridos médicos con los migrantes y enseñar sus propias clases de inglés para los adultos, con todos los gastos cubiertos por las donaciones recolectadas por Voices From the Border.

El pasado jueves, las clases se enfocaron en las habilidades básicas del idioma inglés, como saludos y presentaciones, en lugar de frases específicas de la ley de inmigración y sus solicitudes de asilo. Como lo expresó Olachea, el objetivo principal de las clases es garantizar que los migrantes se “mantengan ocupados y educados” mientras esperan ser escuchados por las autoridades de inmigración de Estados Unidos.

‘Amor por las personas’

Cuando la propuesta de la clase de inglés llegó a Green Valley Samaritans, una organización que ofrece ayuda humanitaria a los migrantes en el área de Arizona-Sonora, Glogowski y Parker se unieron rápidamente como maestras voluntarias, ambas citando su amor por los niños y el deseo de ayudar como su motivación.

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Los niños en el albergue para migrantes La Roca dirigen su atención hacia Sarah Bibbey, un voluntaria con Green Valley Samaritans, quien les lee un libro con traducciones del Español-Inglés el jueves, 18 de julio.

“Siempre tengo un amor por las personas en el mundo. Fue una oportunidad maravillosa, enviada por Dios”, dijo Glogowski, una ex-maestra de escuela primaria con 36 años de experiencia. “Puedes ver el amor que está ahí. Son nuestra familia”.

Las clases se iniciaron con bailes de canciones en inglés. Otros trabajos de clase consistieron en contar hasta 100 y trazar el abecedario en una hoja de papel mientras repetían cada letra en inglés.

Después de casi tres meses de clases, los voluntarios dijeron que han visto un progreso distinguible en algunas de las habilidades de lectura y pronunciación de sus estudiantes.

“Los más pequeños captan el acento muy rápido. Son como unos pequeños loros. Son como pequeñas esponjas que absorben el amor y el lenguaje y cantan con nosotros, y todo eso me trae mucha alegría”, dijo Parker, también jubilada de Tubac.

Para David Alejandro Miquilena Díaz, un niño de 13 años de edad, que se hospeda en el albergue HEPAC, las clases fueron una oportunidad para continuar practicando el idioma después de que su familia se fuera de Venezuela, interrumpiendo su educación antes de que terminara el año académico.

“De hecho ahorita tengo material en mi tablet, que ahí está prácticamente todo lo que me enseñaron en Venezuela”, dijo Miquilena. “Aquí cuando viene gente de Estados Unidos, pues con eso me ayudo, lo puedo poner en práctica”.

Miquilena y su hermana menor, Esther, se encontraban entre las familias que habían estado en el refugio por un período prolongado, casi cumpliendo dos meses. Pero, Parker y Glogowski insistieron en que el tiempo no es una preocupación para ellas, continuarán brindando educación a los refugios durante el tiempo que sea necesario.

“Pase lo que pase desde aquí por su decisión, al menos estuvimos aquí para cambiar este momento y compartir un poco de felicidad”, dijo Olachea.

(Traducción por Celina Cienfuegos.)

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